LAZOS ENTRE EL AUTISMO Y EL TIMEROSAL

 

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El autismo afecta 500,000 a 1.5 millones de estadounidenses, y ha crecido a una proporción anual del 10 al 17% desde finales de los años ochenta.

California encontró un incremento de un 273% en autismo, entre 1987 y 1998. Maryland reportó un incremento del 513% en autismo entre 1993 y 1998, y varias docenas de otros estados reportaron hallazgos similares.

Algunos científicos dicen que el número estimado de casos de autismo se ha incrementado unas 15 veces, es decir un 1,500% desde 1991, cuando el número de vacunaciones en niños de duplicó. Mientras que uno de cada 2,500 niños fue diagnosticado con autismo antes de 1991, uno en 166 niños tienen ahora la enfermedad.

Este incremento es reportado en casos de autismo es paralelo al incremento en el número y frecuencia de vacunas conteniendo thimerosal, administradas a infantes. Hasta esta fecha, se les dan a los niños hasta unas 21 inmunizaciones en los primeros 15 meses de vida. Después de que un número de científicos y activistas preocupados notaron la correlación, se lanzó una investigación para llegar al corazón de asunto.

Evidencia estadísitica enlaza al thimerosal con desórdenes del sistema nervioso. En junio de 2000, oficiales federales y representantes de la industria fueron reunidos por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, para discutir la perturbadora evidencia.

Según Tom Verstraeten, un epidemiólogo que analizó la información en la base de datos del CCPE, el thimerosal apareció ser el responsable para el dramático incremento en autismo y otros desórdenes neurológicos. Verstraeten les dijo en la reunión, que un número de estudios previos indicaba un vínculo entre el thimerosal y los retrasos del habla, el desorden de déficit de atención, hiperactividad y autismo.

Verstraeten no ofreció una posible causa para esta correlación, pero sostuvo que la evidencia estadística vinculando las vacunas y los desórdenes neurológicos era fuerte. El Dr. Bill Weil, un consultor para la Academia Americana de Pediatría, y el Dr. Richard Johnston, un inmunólogo y pediatra de la Universidad de Colorado presentó preocupaciones similares al grupo. No obstante, sin dar una relación causal, el CCPE y representantes de la industria fueron rápidos en desacreditar la evidencia.

Consecuentemente, el CCPE le pagó al Instituto de Medicina (IM) para conducir otro estudio sobre thimerosal.

Según Robert F. Kennedy Jr., este estudio fue fijado para “lavar y poner en blanco” previos hallazgos. En su reporte de 2001, el Comité de Revisión de Seguridad para las Inmunizaciones concluyó que el vínculo entre el thimerosal y desórdenes de desarrollo neurológico era biológicamente plausible, aunque la evidencia, ni lo comprobaba ni lo negaba.

El Comité declaró que desfasando el thimerosal de las vacunas era una “medida prudente en apoyo a la meta de salud pública en reducir la exposición a mercurio en los infantes y niños lo más posible.”

Sin embargo, estos hallazgos no ofrecieron ningún imperativo. La información presentada en la reunión del año 2000 fue retenida de la publicación, y el vínculo entre el thimerosal y el auatismo permaneció “inconclusa”.

Pero, ¿que significa “inconclusa”? Bien, esto depende de con quien se habla.

Según el FDA (Administración de Alimentos y Drogas), estos hallazgos “inconclusos” niegan el riesgo de una relación causal entre el thimerosal y el autismo. Aun Tom Verstraeten, uno de los presentadores de evidencia epidemiológica en la reunión del CCPE, cambió bastante su son. En el año 2000, Verstraeten vigorosamente hacía campaña en contra del thimerosal, basado en su correlación “inconclusita”, pero después de que lo contrataran Glaxo-Smith-Kline, el doctor cambió su posición.

La misma evidencia del año 200, a los ojos de Verstraeten se volvió “neutral” en el 2003. Después de la crítica para su evidente aquí y allá, Verstaeten escribió una carta al editor de Pediatría en el 2004, respaldando las acciones del CCPE y sus propios métodos de investigación. Merck continua vendiendo vacunas con thimerosal.

Sin un imperativo para erradicar inmediatamente el thimerosal, los fabricantes de vacunas como Merck y Co., al parecer, se tomaron el tiempo para reducir los niveles de thimerosal en vacunas.

Después de una gran protesta pública en 1999, Merck y Co. comenzaron una nueva línea de vacunas libres de preservantes, pero continuaron distribuyendo el remanente de vacunas preservadas con thimerosal hasta el 2001. Solamente después de una investigación del congreso en 2002, pararon de distribuir su reserva. El Republicano Dave Weldon, R.Fla., llamó a las acciones de la Marck “engañosas”.

Mientras que los funcionarios en el Centro para Control de Enfermedades afirmó que se carece de evidencia para apoyar los posibles riesgos del thimerosal, el Dr. Mark Geier, un genetista y vacunólogo en Maryland, junto con su hijo y socio investigador, David Geier, dice que el CCE optó por ignorar la ciencia. Según el Dr. Geier, más de 5,000 artículos han sido publicados, que cuestionan la seguridad del thimerosal en vacunas.

Los Geiers analizaron información y determinaron que mientras más thimerosal reciba un niño, mayor es su oportunidad de ser autista.

El CCE dice que los Geiers usaron mal la información de la base de datos del CCE, que no estaba destinada a probar teorías. Sin ningún mecanismos causal vinculando al thimerosal y al autismo, el juego parece haberse convertido en uno de inclinar la información para que satisfacer las necesidades del gobierno y los intereses industriales.

Incluso Verstraeten admitió que estos hallazgos “inconclusos” ciertamente no eliminan la posibilidad de encontrar, en el futuro, un vínculo.

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